No elegimos vivir, por lo tanto, el sentido de la vida no se encuentra en
la biología de la vida. El sentido de la
vida se encuentra en nuestra capacidad de razonar, en la autoconciencia de
tenerla y experimentarla. Realizar
preguntas sobre la misma y la manera en cómo se es vivida, resulta de
experimentar un malestar interno, con el que nos planteamos el sentido de la
vida, el proceso de la vida manifestado en el tiempo y el espacio. En la manera como la interpretamos y sus
sistemas de significación a través del lenguaje; le imprimimos sentido a la
vida. Este sentido de vida se encuentra muy ligado a
nuestras creencias y la manera en cómo nos describimos la propia existencia. Dicha descripción supone una relación de secuencia
y procesos entrelazados.
“Convertir el sentimiento de existir en un proceso de existencia y
en modos de persistencia, desplegar la existencia en el tiempo y en el espacio,
someterla a reglas y a exigencias de articulación sintagmática: tal es la
condición mínima para que la vida pueda recibir «sentido». El principio es de
orden filosófico, el método para comprender los efectos será de naturaleza
semiótica” (Fontanile, 2015, p.52)
El sentido de vida, es un constructo estético. El sentido de la vida estriba en perseverar.
Luz Mary Martínez N.

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