COHERENCIA Y CONGRUENCIA EN LAS FORMAS DE VIDA

 

Para Wittgenstein la vida no solo pasa por la emocionalidad, proporcionada solo por momentos negativos y positivos, sino por el proceso del significado de la vida.

No elegimos vivir, por lo tanto, el sentido de la vida no se encuentra en la biología de la vida.  El sentido de la vida se encuentra en nuestra capacidad de razonar, en la autoconciencia de tenerla y experimentarla.  Realizar preguntas sobre la misma y la manera en cómo se es vivida, resulta de experimentar un malestar interno, con el que nos planteamos el sentido de la vida, el proceso de la vida manifestado en el tiempo y el espacio.  En la manera como la interpretamos y sus sistemas de significación a través del lenguaje; le imprimimos sentido a la vida.   Este sentido de vida se encuentra muy ligado a nuestras creencias y la manera en cómo nos describimos la propia existencia.  Dicha descripción supone una relación de secuencia y procesos entrelazados. 

Convertir el sentimiento de existir en un proceso de existencia y en modos de persistencia, desplegar la existencia en el tiempo y en el espacio, someterla a reglas y a exigencias de articulación sintagmática: tal es la condición mínima para que la vida pueda recibir «sentido». El principio es de orden filosófico, el método para comprender los efectos será de naturaleza semiótica” (Fontanile, 2015, p.52)

El sentido de vida, es un constructo estético.  El sentido de la vida estriba en perseverar.

 

Luz Mary Martínez N.

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